Sus orígenes

Fue el obispo de Astorga, Alonso Mesía de Tobar, quien promovió la construcción del Santuario a causa de su curación milagrosa, atribuida a la intercesión de la Virgen.
El proceso comienza en 1624, aunque se desconoce la fecha exacta de su edificación. El período más significativo en su construcción corresponde al episcopado de Fray Nicolás de Madrid, a mediados del siglo XVII. Junto con el arquitecto Francisco de Lastra, llevan al Santuario a su máximo esplendor arquitectónico.
La implicación de los obispos de Astorga en la promoción del templo fue fundamental para convertir el Santuario en un centro religioso de primera importancia.
Localización
El Santuario de Nuestra Señora de las Ermitas es un magnífico ejemplo de la arquitectura barroca perteneciente a la Diócesis de Astorga.
Se encuentra en la provincia de Ourense, en el municipio de O Bolo, concretamente en el valle formado por el río Bibei, un paraje de gran belleza natural. Este río es el principal afluente del río Sil.

Evolución del templo
En 1711, Domingo José Rodríguez Blanco es nombrado administrador, una figura clave para el desarrollo del Santuario, ya que durante su gestión el templo alcanza su máximo esplendor arquitectónico, llegando hasta nuestros días.
Hacia 1730 comienzan las obras del original Vía Crucis, uno de los signos de identidad del Santuario. Gracias al apoyo de numerosas gracias e indulgencias otorgadas por obispos y papas, así como al prestigio de monarcas y su difusión escrita, el Santuario se convierte en un importante centro de peregrinación.
Después de Fray Nicolás de Madrid, fue Domingo Rodríguez Blanco quien continuó con la ampliación del templo, que pasó a contar con tres naves. También se ejecutaron otros cambios, como la reforma de la fachada para dotarla de nueva simetría, los remates de las torres con el corredor que las une, el ensanche del Camarín de la Virgen y la construcción de un nuevo órgano. Sin embargo, sus dos obras más trascendentales fueron la ampliación del atrio y la construcción del Vía Crucis, pieza esencial que completó con sentido penitencial el conjunto monumental del Santuario.
Declarado Bien De Interés Cultural con categoría de Monumento desde el año 2006
La planta de la iglesia se configura en tres naves, donde destaca la bóveda de cañón que cubre el cuerpo central, decorada con motivos inspirados en los jeroglíficos del libro Flores de Miraflores de Fray Nicolás de la Iglesia (1659). El altar mayor está coronado por una hermosa cúpula dotada de linterna, por la que entra luz natural al interior del templo.
El templo está construido en granito. Los elementos escultóricos de la portada conservan su policromía, lo que constituye un elemento singular del edificio.
La orientación de la iglesia es opuesta a la litúrgica debido a su forzada ubicación en el estrecho espacio del flanco de la montaña.
La fachada refleja las diferentes etapas constructivas.
Está compuesta por dos torres cuadradas de cinco alturas que enmarcan un cuerpo central de tres alturas, coronado por un frontón que alberga al arcángel San Miguel, donde se refleja la modulación de los dos primeros cuerpos de las torres.
Sobre el tercer nivel de las torres se genera una balaustrada corrida que permite la comunicación entre ambas.
El cuerpo de campanas se completa con columnas en las esquinas. En el piso superior destacan las balaustradas coronadas por figuras de Virtudes sobre los domos rematados por cupulines.
La Casa de la Administración se sitúa en el atrio, junto a la iglesia. Su función era ser la residencia permanente del Administrador del Santuario. Su construcción comenzó en el siglo XVII y se prolongó hasta principios del siglo XVIII.
Al igual que el Santuario, está ejecutada en granito. Destaca por su sobriedad, con arcadas en el nivel inferior y superior que rompen la geometría de la casa. Cuenta con dos escudos: el escudo mariano y el escudo de Fray Crisóstomo de Vargas, obispo de Astorga.
Debe destacarse como elemento singular el puente que une la Casa de la Administración con el Santuario a través de la balaustrada del cuarto nivel de las torres.
Todo el conjunto queda enmarcado por las antiguas tiendas del atrio y los jardines del Santuario.
